jue

17

sep

2009

Los muros invisibles

Hay muros que todavía no han caído: muros invisibles. Probablemente los más difíciles de derribar. A Martin Jankowski le interesan mucho los muros. Le hablo del muro de más de 1.000 kilómetros que divide el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos. Muestra mucho interés.

 

Martin Jankowski es escritor: poeta, novelista, ensayista. Nació hace cuarenta y tres años en Berlín Este. Eso explica muchas cosas; entre otras, su interés por los muros. Hace quince años, Martin Jankowski visitó por casualidad un lugar de la ciudad y decidió ser escritor. Ahora me lo enseña. El lugar se llama Tacheles. Es una especie de comuna artística donde hay exposiciones, galerías de arte, actividades culturales. En su origen fue un edificio de ocupas, aunque en la Alemania del Este era una actividad subversiva. El edificio de las Tacheles fue en su origen los grandes almacenes más grandes del mundo: los Frieedrichstadt Passagen. Después tuvo otros usos, pero fue bombardeado en la II Guerra Mundial y quedó en ruinas hasta que los ocupas lo tomaron en los años ochenta. Sólo había sobrevivido a los bombardeos la mitad de un edificio sin paredes. Algunos artistas alternativos de los ochenta se precipitaron al vacío accidentalmente, hasta que alguien decidió levantar tabiques para cerrarlo.

 

Estoy en el barrio judío de Berlín Este. Nadie lo diría. Ahora es una zona bohemia de artistas y noctámbulos. Cuando Martin Jankowski vino a vivir aquí, recuerda que era una zona muy gris, silenciosa, donde la gente caminaba por la calle como atenazada por el peso de la historia. La caída del muro cambió la naturaleza del barrio. Ahora los bohemios del Oeste vienen aquí, y la calles están llena de locales que abren más allá de la medianoche.

 

En el antiguo barrio judío, en el centro vital del Berlín Este, sobresale imponente la cúpula dorada de la Nueva Sinagoga. Como muchos de los edificios de esta parte de la ciudad, estuvo en ruinas desde finales de la guerra, como una Pompeya germánica. La sinagoga comenzó a restaurarse en 1987 y se inauguró en el 94. Debajo de las piedras se encontraron objetos del culto y la liturgia judía que ahora se exponen en el interior.

 

Mientras regreso al hotel, pasada la medianoche, no puedo dejar de pensar en los muros. Especialmente en aquellos que no se ven.