mié

27

feb

2013

Diez consejos para escribir una novela

En cierta ocasión, después de impartir una conferencia titulada «La Generación del 98 y la uva garnacha, entre la modernidad y la tradición», el presidente del Ateneo Científico y Literario que organizaba las jornadas culturarles se me acercó y me preguntó a bocajarro: «¿Qué me aconseja usted para escribir una novela?». Durante tres años me he repetido esa misma pregunta que en su momento no supe responder. Por fin hoy, después de una profunda reflexión, creo que estoy en condiciones de aconsejar qué debe hacer uno para escribir una novela. Me gustaría pensar que aquel señor tan amable, del que no he vuelto a saber nada, va a leer estas líneas y sabrá perdonarme por mi demora en la respuesta.


1. Lo primero que necesita el futuro escritor o escritora para escribir una novela es una idea. Una vez que se posee la idea, déjese madurar durante un tiempo: pongamos, un mes; si es un año, mejor.

 

2. Póngase el aspirante o la aspirante a novelista una fecha concreta para empezar la novela. Por ejemplo, dígase a sí mismo o a sí misma: «Mañana voy a empezar mi novela». Mejor, si se dice: «Mañana voy a empezar mi novela pase lo que pase».

 

3. Cene de manera frugal la noche anterior y váyase a la cama temprano. Si tiene costumbre de leer antes de dormir, no cambie de costumbre. Lea preferentemente el Almanaque Zaragozano para no sufrir contaminaciones estilísticas graves. Si prefiere ver una película, procure que no sea de Jim Carrey, porque ningún amante de las películas de este señor ha ganado aún el Premio Nobel de Literatura, que se sepa.

 

4. Madrugue, aunque no tenga costumbre. Empezar a escribir a media mañana es como comenzar una libreta por la mitad.

 

5. No salga a hacer footing, no saque a pasear el perro, no haga planes para esa mañana, no consulte por Internet el estado de su cuenta bancaria, ni lea la prensa digital. Concéntrese en lo que verdaderamente le importa: su novela.


6. Si no se duchó antes de acostarse, dúchese ahora. Póngase ropa cómoda, ni ancha ni estrecha, con la que no vaya a pasar ni frío ni calor (el frío o el calor no deben ser una excusa para no empezar su novela).


5. Desayune exactamente lo mismo que desayuna todos los días. En contra de lo que opinan algunos, el desayuno no afecta a la calidad literaria. Acompañe el desayuno con un café o un té en su taza favorita (la mía es de James Joyce, regalo de Rosa Pastor, librera y amiga). Si es usted hipertenso, tome una infusión cualquiera: manzanilla o poleo-menta. En realidad, se trata de una excusa para tener entre las manos una taza, sentir el tacto relajante del asa y llevarla de un sitio a otro mientras se prepara para el momento decisivo.


7. Busque un lugar de la casa con buena iluminación, una mesa, una silla o sillón y, a ser posible, que no tenga vistas a un lago, un bosque o un valle. Evite las distracciones paisajísticas.

 

8. Si escribe a mano, pertréchese de lápices o bolígrafos, folios o libretas. Si escribe en ordenador, consiga una computadora y asegúrese de que funciona.

 

9. Una vez sentado frente a la mesa, deje la taza a su derecha (a la izquierda si es zurdo), coloque el teclado del ordenador delante de usted, mire fijamente a la pantalla en blanco, piense en la historia que ha estado madurando en el último mes o en el último año.


10. Deslice suavemente los dedos sobre el teclado y procure ir contando paso a paso, frase a frase, la historia que se le ha ocurrido o que le han contado, y procure guardar cada cierto tiempo lo escrito para que un corte en el suministro eléctrico o una avería del computador no malogre su esfuerzo.