mié

14

ago

2013

Diez consejos para ser un escritor maldito

1.- Si usted se llama Pepe Pérez o Paco García, búsquese un seudónimo para luchar contra la tiranía y falta de imaginación de sus padres. En general, se llame como se llame, firme sus libros con otro nombre. Eso es una manera de rebeldía que los lectores suelen interpretar como propio de un tonto el haba y, en consecuencia, le dan la espalda al autor.


2.- No mande sus manuscritos a premios literarios ni editoriales al uso. Autopublíquese. El escritor que entra en el circuito comercial jamás alcanzará el malditismo.


3.- Escriba sobre temas que no le interesan a nadie. Ni siquiera a usted, si fuera preciso. El malditismo exige esos sacrificios a los que la mayoría no está dispuesta.

 

4.- No escriba nunca frases como esta: «Siga a ese taxi», «Amaneció un bonito día», «Sus acometidas duraron una eternidad», «Acarició sus turgentes pechos». Podría ocurrir que en vez de considerarlo maldito lo considerasen imbécil, y esa es otra categoría.

 

5.- Utilice muchos adverbios en –mente y abuse de los gerundios. Sin duda es la mejor manera de granjearse la enemistad de la mayoría de críticos literarios, expertos en cazarlos al vuelo.

 

6.- Niéguese a conceder entrevistas. Y en caso de que nadie quiera entrevistarlo, búsquese un amigo periodista que le haga la interviú y aproveche para declarar -marcado en negrita y urbi et orbi- que odia las entrevistas.

 

7.- No promocione sus libros ni hable de ellos. Ningún escritor maldito anuncia en Facebook o en Twitter que ha publicado algo.

 

8.- Procure que las tiradas de sus libros no superen los 100 ejemplares. Tal como está el panorama, corre el riesgo de vender 101 y entrar en las listas de bet-seller.

 

9.- Haga saber a todo el mundo que desprecia las nuevas tecnologías; que no tiene móvil ni ordenador; que Internet es la muerte de la creación; que escribe con bolígrafo Bic punta fina, como lo haría Cervantes si levantara la cabeza.

 

10.- Desprecie a todos los escritores modernos y contemporáneos, incluso a usted mismo, y declare únicamente su devoción incondicional por Bukowski, padre del malditismo.