jue

27

oct

2016

Entrevista a Judas Iscariote

Rara vez concede entrevistas. Vive a caballo entre el Infierno y el Purgatorio, donde aún mantiene un pequeño despacho con vistas al Limbo. Después de muchos meses de insistencia, nos recibe para hablar sobre lo humano y lo divino y, en especial, sobre su libro, El Evangelio según Judas, que a pesar de llevar varios siglos en el mercado literario hoy está más de actualidad que nunca debido a la crisis de valores en la sociedad moderna y contemporánea.

 

ENTREVISTADOR.- Usted ha pasado a la historia como el patrono de los confidentes de la policía, de los ahorcados, de los coleccionistas de monedas de plata y de los tesoreros corruptos. ¿No está cansado de llevar durante dos mil años ese sambenito sobre sus espaldas?

 

JUDAS.- Pues, si le digo la verdad, es algo que dejó de molestarme hace más de mil quinientos años, aproximadamente. ¿Y sabe por qué? Yo se lo voy a decir: porque es todo mentira. Podría refutarle cada una las acusaciones, pero para eso está mi libro, que por cierto usted debería haber comprado y leído para hablar con propiedad y conocimiento de causa.

 

E.- Tenga en cuenta que el libro salió hace casi dos milenios y está descatalogado. Hemos leído una versión abreviada en e-book, pero es una traducción mala del arameo y cuesta trabajo entenderlo.

 

J.- Excusas de mal pagador. Va a conseguir usted que me arrepienta de haberle concedido esta entrevista. Por lo visto, ahora cualquiera puede abrir un blog y ya se cree periodista. Vivir para ver.

 

E.- ¿Qué le parece a usted que se haya dejado de estudiar arameo en los centros de enseñanza?

 

J.- Pues muy mal, ¿qué va a parecerme? Los jóvenes deben aprender arameo y otras lenguas cultas. Se empieza por quitar el arameo de los planes de estudios y luego querrán quitar el latín y el griego y se entra en una espiral de devastación que nos conducirá a la ignorancia y la barbarie, seguro. No me extrañaría que dentro de unos años la única lengua que se hable en el mundo sea el inglés. Ya lo intentaron algunos con el esperanto y, por suerte, la cosa no fue a mayores.

 

E.- Mucha gente lo confunde a usted con Judas Tadeo, el otro apóstol bueno. ¿Le molesta?

 

J.- Me molesta porque ese es también un síntoma de que los planes de enseñanza están fracasando. Si esto sigue así, algunos terminarán confundiendo Cataluña con España, Córcega con Cerdeña, las churras con las merinas, la velocidad con el tocino y los cojones con el trigo.

 

E.- ¿Es usted nacionalista?

 

J.- Soy más leísta que nacionalista. A veces soy también laísta, pero trato de evitarlo. Lo importante de verdad es ser educado sea cual sea tu ideología.

 

E.- Hubo un escritor que en su relato «Tres versiones de Judas» decía que usted entregó a Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una rebelión contra el yugo de Roma.

 

J.- Algo de eso hay. Pero le remito a mi libro. Y le aconsejo que aprenda arameo, coño. ¿Cómo dice usted que se llama ese escritor?

 

E.- Se llamaba, porque ya murió. Jorge Luis Borges y era argentino.

 

J.- Bonita tierra. Una pena que aún no estuviera descubierta en mi época. Los antiguos nos perdimos muchas cosas interesantes.

 

E.- Ahora no se habla de «descubrimiento», sino de «conquista» y «masacre».

 

J.- ¡Paparruchas…! De toda la vida del Señor, e incluso antes, se han conquistado a hierro y fuego las tierras y los países. Además, por las noticias que me llegan, aún se sigue haciendo, ¿no? El fuerte conquista al débil, el león se come a la gacela, el amo explota al criado… Bueno ahora se dice «el empresario» y el «trabajador». Y eso no va a cambiar por mucho que se prohíban las corridas de toros y las bombas de racimo. Se sigue violando a las mujeres en las guerras y fuera de las guerras, se explota a los niños en el trabajo. En mi época se crucificaba a la gente sin un juicio con garantías, por si usted no lo sabía. ¿Va alguien a decirme que aquellos que fueron a América eran unos bárbaros y estos son unos angelitos inocentes? Mire usted lo que ocurrió en los Balcanes o lo que está ocurriendo en Siria.

 

E.- Lo veo a usted muy informado.

 

J.- En la Eternidad hay mucho tiempo para todo. Además, las nuevas tecnologías te meten en el mundo aunque lleves dos mil años fuera de él.

 

E.- ¿Es usted demócrata?

 

J.- No, señor. Eso de la democracia es un invento de los griegos que se ha intentado vender como la panacea, pero es un fraude, se lo digo yo. Si se para usted a pensar, los griegos eran esclavistas, machistas, pedófilos y no podían votar todos, como ahora se nos hace creer. Además, tenían a sus mujeres atadas a la pata de la cama, como quien dice. Miraban mal al que no hablaba griego o al que tenía acento andaluz o gallego, verbigracia. Hay mucho mito sobre la democracia. Y de los romanos ni le cuento. Esos eran unos piratas.

 

E.- ¿Piratas en qué sentido?

 

J.- En el sentido etimológico de la palabra pirata, es decir, persona que piratea. Los romanos lo pirateaban todo: las estatuas, las comedias, las tragedias. Pirateaban hasta los dioses, que ya es piratear. Por eso me río yo ahora de la gente que presume de haberse bajado de Internet un centenar o un millar de películas o de libros. Nihil novum sub solem.

 

E.- ¿Eso qué quiere decir?

 

J.- Aprenda usted latín, caballero.

 

E.- Es que yo soy de la LOGSE.

 

J.- Hay que joderse. Entonces demos por finalizada esta entrevista. Hala, adiós, buen viaje, y a ver si se lee mejor mi libro antes de venir a dar por saco.

 

E.- Sin faltar, oiga.

 

J.- ¿A que lo denuncio a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a las Autoridades Sanitarias?

 

E.- ¿Por treinta monedas de plata? No me extrañaría nada.

 

J.- ¡Cuánta ignorancia! ¡Elí, Elí…! ¿Qué habré hecho yo para merecer esto?